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Un pletórico Adrià Puntí levanta el telón del Gastromusical.

Un pletórico Adrià Puntí levanta el telón del Gastromusical.

Un pletórico Adrià Puntí levanta el telón del Gastromusical.

El cantante de Salt conjugó ayer su música con el original menú de Jordi Herrera, chef del restaurante Manairó de Barcelona.

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Un formato más concentrado y un abanico de propuestas que va más allá de la conjunción entre la gastronomía y la música. Así se podría definir, a grandes rasgos, la nueva carta de presentación del Gastromusical, evento organizado por el restaurante Molí de l'Escala que anoche inauguró su octava edición con un inicio que, a pesar de los cambios, apostó por aquel leitmotiv que ha singularizado el festival desde sus inicios: la combinación de fogones y decibelios.

Los encargados de marcar el pistoletazo de salida fueron el chef del restaurante Manairó de Barcelona, Jordi Herrera, y el compositor Adrià Puntí. Un dúo genuino que precederá otras futuras apariciones de artistas de primer nivel como Joan Colomo, Coque Malla o el grupo Jazz Machín, y cocineros como el local Jordi Jacas (Molí de l’Escala), Jean Luc Figueras (del restaurante del hotel Mercer de Barcelona) o Víctor Quintillà (del Lluerna de Santa Coloma de Gramenet).

Además de haber comprimido el programa y de haber dedicado una jornada a los más pequeños -Gastrokids- y otra al cine -Gastrocinema-, el festival de este año también ha apostado por un perfil musical más duro que, según el chef anfitrión, brindará una noche “más festiva, rockera y bailable”. Jacas también se mostró categórico cuando se refirió al próximo horizonte del Gastromusical: “Tengo muy claro que en el próximo año habrá contenidos diurnos”.

Un formato más condensado y con nuevas propuestas. ¿Por qué estos cambios?

Jordi Jacas. O nos reinventamos o sólo nos quedará el orgullo de haber sido los primeros. Este año me he fijado que hay muchos festivales que están cerrando y eso es lo que realmente no queremos que nos pase. Básicamente lo que hemos hecho es concentrar el festival y dividirlo en dos grandes bloques: por un lado las noches irrepetibles, lo que ha sido el festival hasta el día de hoy, y por el otro hemos decidido apostar por una noche más festiva, con un perfil de grupo más rockero y bailable como, por ejemplo, Coque Malla.

¿Qué se ha buscado a la hora de casar los músicos con los cocineros?

J.J. Es la misma idea y filosofía de cada año, la de crear maridajes gastronómico-musicales. Jordi Herrera y Adrià Puntí, por ejemplo, encajan de coña porque son personas con una capacidad inventiva y unos conocimientos que les permiten evolucionar las ideas más allá de lo convencional. Son dos personajes que han cuajado muy bien y ambos, juntitos, tienen mucha “chispa”.

Entre las novedades también aparecen el Gastrokids y el Gastrocinema.

J.J. Sí, también hemos querido incorporar algo para los niños. Tenemos claro que son nuestros clientes de futuro y es un sector que tiene mucho juego, ya no sólo por el tema gastronómico, que también, sino por los valores del tema gastronómico: por la nutrición, por la parte pedagógica de la cocina. Esta merienda musical, acompañada de unos talleres como el de Beatbox o el de Body Percussion, puede ser muy divertida y muy lúdica para los más pequeños.

Por otro lado, teníamos apuntado en una lista de aquellas que se guardan en el cajón que un día queríamos hacer cine al aire libre. Y lo hemos querido hacer de una manera diferente y rockera, pasando la obra Quadrophenia, una película que marcó toda una época y que, de alguna manera, nos hace revivir la esencia de los Mods o los rockeros de finales los setenta y principios de los ochenta, cuando había un momento musical bastante interesante. Todo esto lo acompañaremos con un atrezzo gastronómico: pequeñas paradas que servirán para hacer un guiño simpático a la gastronomía que suele acompañar a un cine.

¿Por dónde se encaminan las futuras ideas del Gastromusical?

J.J. Está claro que el año que viene nos reinventaremos. Creo que el futuro se encamina hacia los conciertos de día, lo tengo clarísimo. Pienso que si hacemos actuaciones de día podemos concentrar más fechas y poner más contenidos. Sí, tengo muy claro que en el Gastromusical del 2015 habrá contenidos diurnos.

Novedades, al fin y al cabo, para proyectar la cocina de la tierra.

J.J. El objetivo real es pasárnoslo bien. Pero sí es cierto que todas las sinergias que salen del Gastromusical, lo que genera el festival para dar a conocer la gastronomía o toda la capacidad inventiva que tenemos los ampurdaneses o los escalenses, es muy bienvenido. El principal objetivo es el de ser fiel a una idea que nos motiva, que nos lo hace pasar muy bien y que nos genera mucho esfuerzo. Quizás en otro momento de mi vida no lo haré, pero ahora lo estoy haciendo y me lo estoy pasando bien y estoy intentando que el equipo también se lo pase. A partir de aquí, todas las cosas paralelas que generamos son de casualidad.

Sintonía culinaria y musical

Con la compañía del diccionario se entiende buena parte de la esencia de la cocina de Jordi Herrera. Un manairó -o menairó o minairó, como así lo llaman al Pallars- es la palabra que se atribuye a un ser fantástico pirenaico con poderes mágicos que, según el refranero popular, se caracteriza por tener una gran fuerza y una enorme capacidad de trabajo.

Este duende representa mejor que nadie la naturaleza creativa del restaurante del chef barcelonés. El Manairó, ubicado en la calle Diputació de la ciudad condal y galardonado con una estrella Michelin, hace del inconformismo culinario su “modus operandi”, y es esta filosofía lo que le ha llevado a crear, por ejemplo, el “xof”, una versión particular de la célebre esferificación de Ferran Adrià. Pero el sofisticado menú degustación de ayer, inspirado en la figura anárquica de Puntí, contemplaba otras joyas gastronómicas pensadas con una evidente inquietud conceptual, como una ensalada de ahumados que transportaba al comensal la sensación de morder la intangibilidad del humo, o el plato “Maria de peix”, de una delicadeza extrema en homenaje a su madre. La comida se completó con una pequeña hamburguesa de trinchado con ajo quemado, con una combinación de coliflor y foie con trufa y café, y con la acidez de los postres, representados con un helado de albahaca “con pasión”.

Según subrayó el chef la intención de la cena de ayer era la de elaborar catas “honestas” y concordantes con la música de Adrià Puntí, el único cliente que “ha hecho poesía” con un plato servido en su establecimiento. La sintonía entre los dos artistas, ambos exjugadores y seguidores del rugby, ha resultado tan fructífera que el primer encuentro fue el preludio de una buena amistad, tal y como destacó el cocinero.

Esta conexión se hizo aún más evidente cuando el talento gastronómico de Herrera comenzó a caminar en perfecta concordia con el arte genial de Puntí. El cantante y compositor de Salt apareció en el escenario mostrando esa elegancia irreverente tan suya, y primero acompañado por una armónica y una guitarra, y después por una virtuosa banda compuesta por Lluís Costa (guitarra), Pedro Martínez (bajo) y Dani Pujol (batería), poetizó el idílico entorno con una actuación sustentada por el talento emocional y vigoroso que le ha convertido en un icono.

El de ayer fue un viaje hacia la confirmación de un regreso que se intuye imparable y meteórico gracias a su último espectáculo “Incompletament Puntí”, gestado tras una década de quietud y cuna de nuevas piezas como “La prova del nou” o “Tarda d’agost”, un tema que llegó al Gastromusical con la incógnita de saber hasta qué punto el significante se encaminaba hacia la “tarda de gos”. Estas composiciones más contemporáneas se asociaron con otras ya conocidas, con especial énfasis en los grandes referentes del álbum Pepalallarga como “Ull per ull”, con guiño incluido a Jordi Herrera, o “Jeu”, cantada con una introspección desgarrada y aferrada a una biografía que ensalza y consagra la figura poliédrica del artista.

Pero el recital también se erigió como un obsequio nostálgico donde Puntí retrocedió hasta los tiempos de Umpah-Pah, cuando era su cicerone, para ofrecer pequeños himnos como “Escac i mat”, interpretado con la voluntariosa participación de un público entregado; la animosa “La catximba”, que extendió la aureola reggae a todos los rincones; o un “Subsidi per vell” que generó una dulce histeria colectiva cargada de complicidad.

Fue un espectáculo mayúsculo. La enésima consagración de una figura referencial que ha sabido aparecer después de un largo letargo manteniendo el talante de siempre, a medio camino entre la genialidad y la honestidad. La plenitud de un artista que complementó con sutileza el menú degustado antes, favoreciendo así un proceso digestivo coherentemente delirante de unos asistentes que terminaron, como no podía ser de otra manera, de pie.

Autor: Jordi Nierga / GN

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